Fue ridiculizado por Donald Trump como el «pequeño Marco» cuando competían en las primarias republicanas en 2016. Y como actual secretario de Estado del gobierno de Trump, su papel ha sido secundario con respecto al de enviados especiales en regiones como Medio Oriente.

Pero el ataque a Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero dejaron en claro que, cuando se trata del «hemisferio occidental», Marco Rubio es la figura clave de la actual administración.

El exsenador de Florida, de 54 años, dirige cuatro organismos en el gobierno estadounidense. Es la primera persona en ocupar simultáneamente los cargos de secretario de Estado y consejero de seguridad nacional desde Henry Kissinger hace medio siglo. Es además administrador interino de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y jefe en funciones de la Administración Nacional de Archivos y Registros.

Desde la operación inédita en territorio venezolano, que numerosos expertos en derecho internacional calificaron como ilegal, ha sido Rubio el encargado de hablar con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. Ambos se comunican en español, que Rubio habla con fluidez, según dijo Trump a la cadena NBC.

El secretario de Estado también fue la figura omnipresente que defendió el operativo en los principales medios de noticias estadounidenses.

«Esto no fue una invasión, no ocupamos ningún país…Esto no es Medio Oriente y nuestra misión aquí es muy diferente. Esto es el hemisferio occidental», declaró a la cadena ABC.

Los dramáticos sucesos en Venezuela son la culminación de un proceso de años en el que Rubio, hijo de migrantes cubanos, ha buscado impactar el rumbo de América Latina.

Marcado por su entorno

Los padres de Rubio salieron de Cuba en busca del «sueño americano». Emigraron a Estados Unidos en 1956, tres años antes del ascenso de Fidel Castro y el establecimiento de un gobierno comunista en la isla. Su padre era camarero de banquetes y su madre camarera de hotel.