Los ricos del mundo compraban mansiones en islas artificiales frente a sus costas, se paseaban por el Louvre de Abu Dhabi, o hacían safaris por el desierto catarí.

En un vecindario sacudido por guerras, protestas e inestabilidad, los países del golfo Pérsico cultivaron durante años la imagen de ser un oasis de seguridad y prosperidad.

Sus esfuerzos y sus ventajosas políticas fiscales atrajeron miles de millones de dólares en inversiones extranjeras, y convirtieron ciudades como Dubái, Abu Dhabi o Doha en destinos privilegiados para los multimillonarios del mundo y el turismo de lujo, así como para eventos y congresos internacionales.

Ese espejismo se rompió el 28 de febrero.

Aquel día, el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán desató una guerra en la que Teherán ha respondido no solo bombardeando ciudades israelíes y bases estadounidenses en la zona, sino también a los aliados de Washington en el Golfo.

Estas monarquías se vieron de un momento a otro arrastradas a un conflicto que no habían buscado.

«Habían intentado a toda costa disuadir al presidente Trump para que no la emprendiera», explica a BBC Mundo Anna Jacobs Khalaf, analista experta en el Golfo del Instituto Europeo de la Paz.

Los misiles iraníes caían de repente junto a centros comerciales, rascacielos de lujo y puertos llenos de yates ante la mirada horrorizada de cataríes, emiratíes, kuwaitíes, bareiníes, sauditas y omaníes, así como de decenas de miles de expatriados y turistas.

La guerra ha llegado incluso a algunos de los hoteles más lujosos del mundo. Los restos de un dron iraní interceptado cayeron sobre el Burj al Arab de Dubái, mientras que el Fairmont The Palm, en la isla artificial de Palm Jumeirah, recibió un impacto directo.

Y este miércoles, la compañía petrolera estatal de Qatar afirma que sufrió «daños extensos» a causa de ataques con misiles en el complejo industrial de Ras Laffan.

Ras Laffan figuraba entre los sitios mencionados por Irán en una advertencia de que tomaría «medidas decisivas», después de que las instalaciones de su yacimiento de gas South Pars fueran, según informes, alcanzadas por ataques israelíes.

Las consecuencias están siendo devastadoras, y el enfado en las capitales del Golfo es mayúsculo.

Un tsunami de cancelaciones ha golpeado a estas ricas monarquías, entre vuelos, reservas hoteleras, congresos y eventos internacionales como la Fórmula 1 en Baréin y Arabia Saudita.

A esto se suma el cierre del estrecho de Ormuz, que ha frenado sus exportaciones de combustibles.

¿Espejismo roto?

«Los países del Golfo han trabajado para forjarse una imagen de refugios seguros en Medio Oriente. Las acciones y los acontecimientos de la última semana han empañado esa imagen», reconoció a la BBC Badr al Saif, profesor de la Universidad de Kuwait, que fue subjefe del gabinete del primer ministro kuwaití.

La región ha invertido en el lujo y en la seguridad.

Las monarquías de la zona, todas ellas autocracias, han realizado grandes inversiones en vigilancia, lo que les ha mantenido bastante a salvo del terrorismo, pero también han perseguido a la disidencia o a todo lo que pueda afectar a su imagen