Los envíos de crudo y gas desde Medio Oriente se han detenido después de que Irán amenazara con responder a los ataques de Estados Unidos e Israel con sus propios ataques a los buques que atraviesen el estrecho.
El bloqueo ha provocado una escasez mundial de petróleo que golpea con fuerza a los países asiáticos dependientes de las rutas del Golfo: Filipinas ha impuesto semanas laborales de cuatro días para ahorrar combustible, mientras que Indonesia busca cómo evitar agotar unas reservas que solo durarían unas semanas.
China, el mayor importador de petróleo del mundo, también siente la presión.
Pero el país parte de una posición más sólida que la de sus vecinos, tras años de diplomacia y planificación estratégica orientadas a prepararse para una crisis energética global.
Un examen para la red energética china
La economía mundial ha entrado en una fase de turbulencias desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán a finales de febrero.
Desde entonces, los precios del petróleo han llegado en algunos momentos a rozar los US$120 por barril, impulsados por los ataques contra buques y contra infraestructura energética, así como por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, la ruta marítima más transitada del mundo para el transporte de crudo.
Por ese estrecho pasa alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, unos 20 millones de barriles diarios, según estimaciones de la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés).
La escasez ha obligado a los países a buscar proveedores alternativos fuera del golfo Pérsico, mientras que otros han empezado a recurrir a sus propias reservas estratégicas.
China, el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo después de Estados Unidos, utiliza entre 15 y 16 millones de barriles diarios, según varios analistas del mercado consultados por la BBC. La mayor parte se destina a su vasto sistema de transporte: automóviles, camiones y aviones. Y gran parte de ese suministro procede del exterior.
Los países del Golfo son una fuente clave del crudo que llega a China. Arabia Saudita e Irán representan cada uno más del 10% de sus importaciones, según datos de la EIA.
